Hubo un momento en que Luna se quedó paralizada.
Leandro, un hombre tan orgulloso, nunca había pronunciado la palabra "amor". Ahora, decía que la amaba.
En el corazón de Luna, que era tan profundo como un estanque, comenzaron a surgir ondas de calidez que la envolvieron. Su nariz se sentía extrañamente húmeda. Por un instante, casi se lo creyó.
Pero al recordar el pasado, fue como si le arrojaran un cubo de agua fría, manteniéndola despierta. Finalmente, esbozó una leve sonrisa.
Él pronunció su