Poco a poco, Leandro sintió que la mujer en sus brazos permanecía indiferente. Parecía que nada de lo que él hiciera podría provocar una reacción en ella.
Antes, cuando él la besaba con locura, ella siempre respondía con torpeza. Incluso cuando se resistía, él la besaba con más fuerza, y ella se resistía aún más, pero eso también era una respuesta.
Sin embargo, ahora no había respuesta. Ella permanecía inmutable. Esta realidad decepcionó a Leandro, quien se obligó a calmarse y detuvo su acción.