Los días siguientes se hicieron cada vez más difíciles. Luna estaba vigilada por Leandro, con guardaespaldas afuera las 24 horas del día.
Leandro estaba casi siempre presente; solo salía con frecuencia para hacer llamadas telefónicas. Rechazó el trabajo que podía manejar desde casa y lo hizo desde allí. A veces salía para hacer llamadas, y cuando lo hacía, duraba mucho tiempo.
Cada vez que terminaba una llamada, ella no se atrevía a preguntar por los resultados. No hay noticias, son las mejores