(NARRADO POR KEELEN)
El pasillo de la UCI se sentía más estrecho que nunca. El aire estaba cargado del veneno que Artemises y yo nos habíamos lanzado, y el pobre Nikolaos se había esfumado como un fantasma tras mi explosión. De repente, la puerta automática se deslizó y el cirujano jefe salió, revisando unas gráficas en su tableta digital. Su rostro cansado nos obligó a guardar silencio por un segundo.
—Señores —dijo el médico, frotándose el puente de la nariz—, la cirugía fue un éxito técnico,