(NARRADO POR KEELEN)
El eco de las palabras venenosas de mi madre todavía flotaba en el aire del salón, pero yo estaba decidido a asfixiarlas con algo mucho más real. Eira estaba sentada en el borde de nuestra cama, con los hombros caídos y esa mirada perdida que me decía que seguía comparándose con un ideal de belleza que solo existe en las mentes enfermas de gente como Drako.
Me acerqué a ella con paso firme, dejando el bastón a un lado. Ya no lo necesitaba para esto. Mis piernas se sentían