(NARRADO POR EIRA)
El silencio en el apartamento no era tranquilo. Para mí, el silencio era un cuarto lleno de espejos, todos rotos, todos reflejando una versión distorsionada de quien yo era. Me sentía atrapada en un laberinto sin salida, donde cada paso que daba me llevaba de vuelta al punto de partida: esa sensación de ser insuficiente, de ser una mancha en el camino de Keelen, de ser la chica gorda, la chica diabética, la chica que lo perdió todo y que ahora, por puro egoísmo, intentaba co