(NARRADO POR KEELEN)
El sonido de unos tacones firmes y rítmicos resonó en el pasillo, cortando la tensión como un bisturí. Me giré y vi a una mujer que era la viva imagen de Eira, pero con la madurez grabada en una belleza serena y autoritaria. La madre de Eira acababa de aterrizar, y su sola presencia hizo que Artemises diera un paso atrás, casi por instinto.
—¡Artemises! ¡Por Dios! —exclamó ella, mirando el rostro golpeado de su marido y luego mi mandíbula hinchada—. ¿Qué es este espectáculo?