(NARRADO POR KEELEN)
Había pasado una semana desde que entramos en este ático cargados de cajas y de una esperanza que, por momentos, parecía inquebrantable. Siete días de desayunos frente a la Acrópolis, de entrenamientos matutinos donde sus risas llenaban los espacios vacíos y de noches donde nuestros cuerpos juraban que todo estaría bien. Pero yo no soy un ingenuo. Como arqueólogo, sé que por muy hermosa que sea la fachada de un templo, siempre hay grietas en los cimientos que la luz del sol