(NARRADO POR KEELEN)
El sonido de la voz de Nikolaos, describiendo cómo Eira se había reído con él en el avión o cómo compartían cafés en la biblioteca de Atenas, actuó como un ácido sobre mis nervios destrozados. Ver a Artemises asintiendo con aprobación, dándole al muchacho el lugar que me pertenecía a mí, terminó por romper el último hilo de mi cordura.
—¡Basta! —rugí, dando un paso al frente que hizo que Nikolaos se sobresaltara y casi soltara sus muletas.
—¿Qué te pasa ahora, Keelen? —se bu