Mundo ficciónIniciar sesiónRenata Bautista tenía fama de ser la chica ejemplar de su círculo. Lo más rebelde que había hecho en su vida fue huir cuando se enteró de que habían concertado su matrimonio con el heredero de una de las familias más poderosas. Joaquín Ortega tenía fama de mujeriego empedernido, y ella no quería atar su vida a la de un hombre así. Sin embargo, cuando él fue a buscarla, ambos terminaron secuestrados en un local clandestino donde se transmitían actos sexuales en vivo. Dentro de una jaula de hierro, ella estaba atada de pies y manos. A él lo habían drogado. Todos daban por hecho que Joaquín acabaría abusando de ella. Renata también creyó que estaba perdida.
Leer másEra joven y atractivo. Su porte y sus modales no tenían nada que envidiarles a los de Martín o Joaquín. Miraba a Renata con una ternura profunda.Lo que más le dolió a Martín fue que ella también sonreía y le correspondía con la misma ternura. Solo entonces comprendió que la había perdido definitivamente. O, quizá, que nunca la había tenido.Permaneció allí mucho tiempo, hasta que terminó la celebración en el jardín y los invitados regresaron al salón de la mansión. Esbozó una sonrisa amarga, se dio la vuelta y se marchó.Después de que se fuera, Renata le dio las gracias a Leonardo con cortesía.—Gracias por ayudarme a fingir todo esto.Durante aquellos días, cada vez que tenía tiempo, David buscaba a alguien con quien jugar al ajedrez. Así había conocido por casualidad a Leonardo, y hasta había empezado a enseñarle.Al enterarse de que Martín no dejaba en paz a Renata, Leonardo se había ofrecido a representar aquella escena para que el otro se diera por vencido. Al parecer, había fun
—¡Estás loco! —no pudo evitar soltar Renata.—¡Muy loco! —añadió su padre.Unidos contra él, dejaron de hacerle caso y se alejaron en sus bicicletas. Martín no se enojó ni los siguió.Renata y David pedalearon durante un buen rato por la orilla del lago. Después cenaron en un restaurante que tenía muy buena fama. Su humor mejoró bastante.Cuando ya había oscurecido, regresaron a la posada conversando y riéndose.Un estallido resonó en el cielo. De pronto aparecieron fuegos artificiales deslumbrantes que formaron palabras:"Renata, sé que me equivoqué"."Yo, Martín Ferrer, amo a Renata Bautista"."Por favor, cásate conmigo".Una frase tras otra iluminó el cielo con colores hermosos. Renata ya no sabía qué decir. Bajo aquel resplandor, llamó a su abogado.—Ya lo decidí. Venda mis acciones del Grupo Ortega a los competidores del Grupo Ferrer. Cuanto antes…La venta de las acciones se concretó sin problemas. Martín tuvo que dejar de ir a buscarla y volvió a su empresa para concentrarse en
Antes de llegar a la posada, Renata percibió el aroma delicioso de la sopa que había preparado su padre.Por fin apareció una alegría verdadera en su rostro. A su papá siempre le había gustado disfrutar de la vida: leer, escribir, hacer ejercicio, tomar fotografías, jugar al ajedrez… También le encantaba experimentar en la cocina.Ahora tendrían tiempo de sobra para disfrutar juntos de días como aquel.Padre e hija comieron felices. Después decidieron dar un paseo en bicicleta por la orilla del lago para bajar la comida.Al salir, vieron dos figuras frente a ellos: Joaquín y Martín.Renata parpadeó.Había sido tan clara con ellos. ¿Por qué seguían insistiendo? Los dos se mantenían a cierta distancia.Estaba empezando a irritarse cuando vio a varios guardaespaldas altos acercarse a los dos hombres.—¡Llévenselo! ¡Que no vuelva a aparecer delante de Renata!A la orden de Martín, los guardaespaldas sujetaron a Joaquín.—Sí, señor Ferrer.Joaquín lo miró, incrédulo.—Llevamos años siendo a
Renata no quería escucharlo. Sabía que solo repetiría las mismas disculpas. Pero, si cinco minutos podían darle tranquilidad después, quizá valiera la pena.—Solo cinco minutos.Martín la miró con tristeza. La mujer que siempre había sido amable y educada con todos ahora parecía un erizo, lista para defenderse. Pero solo podía culparse a sí mismo.—Sé que puede sonar a excusa, pero defendí a Catalina a toda costa porque creía, por error, que ella me había salvado la vida. Durante estos tres años, sin darme cuenta, empecé a sentir algo por ti. Solo que no quería aceptarlo ni me atrevía a reconocerlo. Sé que te engañé y te hice daño. Pero no he estado con ninguna otra mujer. Siempre nos entendimos tan bien en la intimidad. Por favor, piensa en lo que vivimos y dame una oportunidad.Martín nunca se había mostrado tan humilde. Renata, sin embargo, soltó una risa.—No nos entendíamos tan bien. Dijiste que besarme te daba asco, que parecía muerta en la cama y que nunca sentirías nada por mí.
Último capítulo