Capítulo 5
Renata abrió los ojos y esquivó su mano con discreción.

—Despertaste.

Un destello de alivio cruzó los ojos de Joaquín, tan fugaz que ni él mismo lo notó.

—Fue culpa mía —dijo, preocupado—. No me di cuenta de que el cinturón y la puerta estaban fallando. Por eso te pasó esto. Por suerte, el bebé está bien.

"Mentiroso", pensó Renata.

—Ajá —respondió ella, indiferente.

Al verla tan decaída, Joaquín se mostró aún más atento.

—La pasaste muy mal. Hoy no voy a ir a ningún lado. Me quedaré contigo.

El celular sonó antes de que terminara. Joaquín reconoció el tono que tenía asignado a Catalina y contestó sin vacilar. La voz insistente de ella se oyó al otro lado:

—¡Renata se atrevió a arruinarme la fiesta! Hoy no puedes hacerle caso. Tienes que venir conmigo o voy a contratar a otros hombres para que me hagan compañía. ¡Tienes diez minutos! Por cada minuto que tardes, contrataré uno más.

Joaquín se levantó de golpe.

—Surgió algo en la empresa. Vuelvo más tarde.

Se marchó apresuradamente sin esperar respuesta.

Ella esbozó una sonrisa irónica. Mejor que no estuviera. Oprimió el botón para llamar al personal.

—Quiero interrumpir el embarazo.

La puerta se abrió bruscamente y su padre, David Bautista, entró con el rostro lleno de angustia.

—¿Por qué quieres hacerlo? —le preguntó.

Aquel hombre que siempre había cuidado su apariencia llevaba la chaqueta mal abotonada y un zapato distinto en cada pie.

—Cariño, vi en internet unas fotos en las que apareces tirada al lado de la carretera. ¿Estás bien?

La madre de Renata había fallecido hacía tiempo. Desde entonces, padre e hija solo se tenían el uno al otro. Para darle una vida mejor, David había dejado su puesto de profesor universitario y fundado la empresa Bautista a costa de enormes sacrificios.

El negocio no podía compararse con el Grupo Ortega. Aun así, cuando aquella familia había insistido en concertar el matrimonio, él había estado dispuesto a arruinarse antes que permitir que su hija sufriera. También había apoyado su decisión de huir de la boda.

Incluso después de que Joaquín arriesgara la vida para evitar que abusaran de ella durante el secuestro, David seguía sin querer dejarla en manos de un mujeriego. Renata había insistido hasta convencerlo, asegurándole que sería feliz.

Y todo había terminado de aquella manera.

Estaba por hablar cuando recibió una llamada de la madre de Joaquín, Beatriz Robles. Su voz prepotente resonó por toda la habitación.

—¿Sabes que subieron a internet esas fotos vergonzosas de tu caída? ¡Si no las hubiera hecho retirar a tiempo, todos se habrían enterado del ridículo que hiciste! Tu familia no está a nuestra altura. Solo te permitimos casarte con mi hijo porque parecías una muchacha dócil y sensata. No creas que el embarazo te asegura un lugar aquí. Si sigues sin saber comportarte, le buscaré otra esposa a mi hijo. ¡Y tu familia tampoco saldrá bien librada! Más te vale tener cuidado.

David, furioso, estaba a punto de responderle, pero ella ya había colgado.

—No te enojes, papá. Los que van a pasarla mal son ellos.

Renata le contó todo: el engaño del que había sido víctima y que Joaquín pronto perdería todos sus bienes.

—Papá, sé que te dedicaste a los negocios por mí. Lo que tú querías era vivir en un lugar donde siempre fuera primavera, leer, escribir y estar tranquilo. Cuando terminen los trámites, me iré contigo y tendremos esa vida. Pero, antes, quiero interrumpir el embarazo.

David asintió una y otra vez, con los ojos enrojecidos por el dolor de ver sufrir a su hija.

La intervención se realizó poco después. Renata yacía en la fría mesa quirúrgica, mirando la pequeña masa de carne y sangre en la bandeja. Las lágrimas le resbalaban en silencio.

Unos minutos antes, todavía estaba dentro de ella. Apenas unos días atrás, esperaba con ilusión la llegada de ese hijo. Y aquel vínculo había terminado de una forma tan abrupta.

Más tarde, durante su estancia en el hospital, recibió el informe de paternidad:

[Sexo del feto: masculino.

Padre biológico: Martín Ferrer.]

Se secó las lágrimas y llamó a su abogado.

—Por favor, coordine con el hospital la conservación de los restos fetales y guarde el informe. El día de la fiesta de nuestro tercer aniversario, lleve ambos a la dirección que voy a darle.

Le dio la dirección. Joaquín y Martín estaban empeñados en destruirla. Ella también les haría un gran regalo.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP