Renata pasó tres días en el hospital. Joaquín no volvió a aparecer hasta el día en que le dieron el alta.
—He tenido muchísimo trabajo en la empresa, pero no he dejado de preocuparme por ti estos días.
Con expresión de disculpa, extendió los brazos para abrazarla. El movimiento dejó al descubierto unas marcas rojas en su cuello. A Renata le dolió mirarlas.
El hombre al que había amado durante tres años jamás se había acostado con ella. Y ahora llegaba con huellas de intimidad con otra mujer, fingiendo preocuparse por ella.
No pudo contenerse más.
—¡No me toques!
Joaquín se sorprendió. Al notar que Renata le miraba el cuello, un destello de pánico cruzó sus ojos.
—No sabía que todavía hubiera mosquitos en esta época.
Recobró enseguida la calma y adoptó un tono sincero.
—Juré que amaría a una sola persona durante toda mi vida, y voy a cumplirlo. Confía en mí, ¿sí?
Ella lo observó en silencio antes de responder con ironía:
—Te creo.
Su juramento era verdadero. Pero la persona a la que amaba no era ella.
—Sabía que tú me entenderías.
Joaquín sonrió y la llevó al auto.
—Catalina organizó una reunión y me pidió que te invitara. Esta vez nadie te hará bromas. De ahora en adelante, quiero que se lleven bien, ¿de acuerdo?
En el club privado estaban los mismos de la fiesta de bienvenida. Catalina los recibió con una sonrisa radiante.
—¡Por fin llegaron! Estamos jugando verdad o reto. ¡Vengan!
Martín estaba sentado a su lado. Al mirar a Renata, sus ojos se volvieron fríos y desconfiados.
Tras varias rondas, la botella señaló a Joaquín. Uno de sus amigos leyó el reto:
—¡Besa con lengua a la persona del sexo opuesto que tengas más cerca!
La más cercana era Renata. Joaquín se tensó visiblemente, pero, antes de que pudiera hablar, ella preguntó:
—¿Cuál es el castigo si no lo haces?
Si él no quería besarla, ¡ella tenía todavía menos ganas de besarlo!
—Quien esté vestido de rojo tiene que beberse una botella entera de licor fuerte.
La única que cumplía esa condición era Catalina, con su vestido rojo.
Joaquín habló de inmediato:
—Vamos a cumplir el reto. ¿Te da vergüenza que todos te vean? Entonces no mires.
Se volvió hacia ella, le sujetó la nuca con una mano y le cubrió firmemente los ojos con la otra.
Unos labios fríos se posaron sobre los suyos y le abrieron la boca con destreza. Renata reconoció aquella forma de besarla, la misma de sus noches de intimidad. Ahora que sabía la verdad, comprendió quién la estaba besando. ¡Era Martín!
Sintió tanto asco que le dieron ganas de vomitar.
Él lo notó y se apartó. Joaquín también la soltó. Renata corrió al baño y empezó a tener arcadas.
Con la prisa, dejó la puerta entreabierta y alcanzó a oír las voces del reservado.
—¿Hasta para un beso tienes que pedirle ayuda a Martín?
—No voy a besar a otra mujer delante de la que amo.
—Qué suerte tienes, Martín. Esos labios tan suaves dan ganas de besarlos. ¿Seguro que no sientes nada por ella?
—Nada. Solo me dio asco. Por suerte, tiene náuseas por el embarazo y no tuve que besarla mucho rato.
Renata se miró en el espejo, con los ojos enrojecidos, y esbozó una sonrisa amarga.
Estaba por salir del baño cuando sonó la alarma de incendios.
—¡Mierda! ¿Dónde está el incendio?
—¡Esa Renata solo trae desgracias! ¡Salgamos! ¡Cuidado!
La puerta del baño quedó bloqueada. Cuando Renata logró forzarla y salir, ya no quedaba nadie en el reservado.
Corrió hacia la salida, pero la multitud la derribó. Mientras decenas de pies le pasaban por encima, vio a Joaquín alejándose con Catalina entre los brazos. La protegía con tanta firmeza que ella no había sufrido ni un rasguño.
Verlo le dolió profundamente. Solo podía contar consigo misma.
Hizo un esfuerzo por levantarse. De pronto, alguien la agarró del brazo y la arrastró al interior de otro reservado. Un hombre enmascarado le inmovilizó ambas muñecas sobre la cabeza con una sola mano y empezó a rasgarle la ropa.
—¿Estás loco? ¡Afuera hay un incendio! ¡Suéltame!
Renata forcejeó, aterrada. Pero al verle los ojos se quedó helada. ¡Era Martín!
La vez anterior se había disfrazado de periodista para vengar a Catalina, había tomado fotos de su humillación y la había herido. ¿Qué pretendía ahora?