Antes de llegar a la posada, Renata percibió el aroma delicioso de la sopa que había preparado su padre.
Por fin apareció una alegría verdadera en su rostro. A su papá siempre le había gustado disfrutar de la vida: leer, escribir, hacer ejercicio, tomar fotografías, jugar al ajedrez… También le encantaba experimentar en la cocina.
Ahora tendrían tiempo de sobra para disfrutar juntos de días como aquel.
Padre e hija comieron felices. Después decidieron dar un paseo en bicicleta por la orilla del