Capítulo 37

—Es broma —me apresuré a decir, soltando una risita—. Solo quiero que relajes esto. —Le toqué la frente con dos dedos, acariciándolo.

—Estás herida. No deberías jugar así conmigo Vera.

Suspiró, poniéndose en pie y continuó limpiándome.

—Estás tenso —toqué su pecho húmedo—. Demasiado… constipado.

Volvió a lanzar una mirada de advertencia. Yo me limité a sonreír y cerrar los ojos, dejándome llevar por el calor del agua y la tranquilidad que él lograba pro
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