Capítulo 69
Vera estaba fuera de sí. Gritaba, se aferraba a mi ropa.

—Estoy aquí —la abracé, tratando de serenarla—. Respira.

Tardé unos minutos así.

Luego la cargué y llevé a nuestra habitación.

Sus ojos seguían abiertos, aunque ausentes; mirada perdida, los labios resecos.

Le toqué el rostro. Frío.

—Marta —llamé.

La mujer asomó desde la puerta, nerviosa.

—Quédate junto a ella. Ni un segundo sola. ¿Entendido?

—Sí, señor.

—Dale algo tibio, háblale. Manténla aterrizada.

Otra mucama entró con Helena en brazos
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