—La verdad… estuve reponiendo mercancía en el depósito. No sabría decirle si pasó alguien por aquí —informó el chico, rascándose la nuca, algo incómodo—. Si la veo, ¿quiere que avise a la poli o algo?
—Sí, por favor. —La voz de Adrik seguía envuelta en esa falsa calma—. Sería de gran ayuda.
Los pasos se alejaron. Escuché la puerta abrirse y a la campanilla tintinear.
—Ya se fue —murmuró al agacharse, asomando la cabeza detrás de las cajas.
—Gracias... por no delatarme.
—No sabía qué hacer.