Desperté con una extraña sensación en el pecho. Angustia. Mis ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse a la claridad. Me pasé la mano por el rostro, intentando sacudirme la pesadez.
Estaba en la cama. En mi cama. Las sábanas tenían ese perfume tan característico a suavizante que usaba Marta para lavarlas. Todo parecía normal.
Moví apenas el cuello. Leo dormía profundamente, boca abajo, con una mano sobre mi muslo. Su respiración acompasada. El cabello desordenado caía sobre su frente y l