Capítulo 9
Estaba sentada frente al espejo de la cómoda, con la brocha del rubor entre los dedos, la mente en otra parte. El walk-in closet, diseñado para mí, era amplio, perfectamente iluminado, lleno de perchas organizadas por colores. Leo se encargó de comprarme un montón de ropa, joyas, zapatos; tenía tanto que aún quedaban prendas sin estrenar. Había optado por un vestido negro de seda, de tirantes finos, ceñido hasta la cintura y suelto desde la cadera. Pero ni siquiera ese corte perfecto lograba arr