Todavía no entiendo cómo llegamos hasta aquí. No concibo creer que esta vez no hay ningún truco escondido.
Me encontraba frente al espejo, con los labios entreabiertos, tratando de reconocerme. Una mujer peinaba mi cabello, otra ajustaba las capas del vestido. Annette iba de un lado a otro de la habitación, supervisando con una pasión que parecía reservada para una gran obra. Para ella, esto lo era.
El vestido caía hermosamente. No lo había elegido del todo yo. Annette se encargó de todo: co