—¿Quieres tomar una ducha? —Me preguntó y lo único que pude hacer fue levantar los ojos hasta que encontré su rostro preocupado. Eso no era una confirmación, pero no parecía entender que su pregunta sonaba demasiado compleja para mi cabeza aturdida.
—Voy a llenar la bañera por ti, ¿de acuerdo? Quédate aquí. —Una vez más, no dije nada, solo acompañé su apresurada caminata hacia mi baño antes de arrastrarme por el sofá hasta acostarme, encogida, como una niña indefensa.
Ese fue el peor momento de