Cuando me detuve lo suficientemente cerca, sin saber si quería que me sentara a su lado o no, Ares puso ambas manos en mi cintura y tiró de mí con cuidado hasta que me detuve, todavía de pie, entre sus piernas. Luego agarró los extremos del suéter delgado de mi uniforme y lo levantó, sin decir nada. Aun así, entendí y levanté los brazos para que me quitara la tela del cuerpo.
Aún con calma, dobló el suéter y lo colocó a su lado. Después, regresó con sus largos dedos y aflojó el moño de mi camis