—¿Realmente no entendiste, ángel? —Preguntó Ares, y tuve miedo de encontrar impaciencia en su voz, pero no había nada más que una entonación casi juguetona.
—No… —Respondí, un poco torpe—. Me explicas, por favor.
Vi a Ares mover el rostro hacia un lado, todavía sereno, mientras repetía el familiar gesto de girar uno de los anillos en sus dedos.
—Tus padres no te dejarían venir si dijera la verdad sobre mis motivos para traerte conmigo, así que tuve que pensar en algo mejor.
Apreté los labios, t