Ares me miró sin decir nada, pero no pudo ocultar su sorpresa cuando di un paso aún vacilante en su dirección y comencé a desabrocharme la camisa como lo estaba haciendo antes de que apareciera allí de nuevo.
—¿Soy tu regalo, Ares? —Pregunté, dando otro paso, desabotonando otro botón.
Mi voz temblaba porque no sabía lo que estaba haciendo, pero principalmente porque Ares me miraba de una manera que dejaría a cualquiera sin aliento.
—No hagas eso, Maya. —Advirtió, pero solo me acerqué más.
La se