El golpe final vino con la muerte de su abuelo. El paro cardíaco lo fulminó en cuestión de minutos. Heisel lo sintió como una daga: No solo habían perdido el patrimonio, también al pilar de la familia.
El funeral fue desolador. Solo los más allegados acudieron, y la mayoría se acercó a despedirse con pesar… pero con excusas.
— No podemos ayudarlas — Les dijeron uno tras otro — Si lo hacemos, Don Darío nos destruirá también —
Heisel, con el corazón hecho trizas, comprendió la magnitud del daño.