Don Darío acomodó con extremo cuidado las sábanas alrededor de Korina. Ella dormía por fin, agotada, con una mano protegida sobre su vientre. Lían, hecho un ovillo a su lado, respiraba profundo, aún aferrado a la seguridad que solo su padre le daba.
Su corazón latia hacia lo comentado por el médico y necesitaba coordinar todo, quería que ellos tuvieran su vida normal. Don Darío se quedó unos segundos más, observándolos. Luego, sin hacer ruido, apagó la luz y cerró la puerta.
Al salir al pasillo