Se detuvo, respirando hondo, como si sus palabras le quemaran por dentro — Sin embargo, siento que este corte de cabello que se hizo es más que un cambio de look. Es como si hubiera enterrado a la Korina dulce y cariñosa que conocíamos. Espero que no la perdamos para siempre —
Samanta la miró con tristeza — Lo mismo pienso. Ojalá en algún momento ella pueda hablar con él y resolver… aunque ahora parece imposible —
— Solo el tiempo dirá — Susurró Maritza.
En ese momento, la puerta se abrió y Korina entró con varias bolsas. Sus ojos denotaban cansancio, pero también una determinación férrea.
— He cambiado de número de teléfono — Dijo, extendiéndoles un papel — Apunten el nuevo —
— Está bien hija — Respondió Maritza — Pero por favor, ven a comer algo y descansa un ratito. Necesitas dormir y pensar con calma —
Korina apretó los labios y respiró profundo — Ya tengo todo pensado, mamá. Estaremos bien. Confía en mí —
Maritza le acarició el brazo — Confío, hija —
Mientras Korina se aferraba a