Ese día llego pronto, todo listo y meseros preparados no solo para servir, sino támbien para resguardar a sus hijos. Don Darío, con los brazos alrededor de Korina, no dejaba de sonreír, aunque su mirada se dirigía constantemente a su hijo y a su hija pequeña, Senet, quien ya gateaba cerca, observando todo con curiosidad.
— ¡Miren esto! — Exclamó Korina, mostrando el diploma de master en empresas — Todo esfuerzo tiene su recompensa —
— No tengo dudas — Dijo Don Darío, levantando una ceja y abraz