Don Darío bajó la cabeza, soltando un suspiro que arrastraba frustración. Había tenido a Korina cada vez más cerca, había logrado abrir una puerta a su corazón… y él mismo la había destruido con un error.
— Tienes razón, Farid. — Dijo con amargura — He permitido que las negociaciones se dirijan a donde el cliente quiere. Eso se acabó. Voy a retomar el control de todo —
Su mirada volvió a encenderse, mezcla de ambición y necesidad de redención — Quiero remodelar los casinos. Cada uno tendrá un