Don Darío bajó la cabeza, soltando un suspiro que arrastraba frustración. Había tenido a Korina cada vez más cerca, había logrado abrir una puerta a su corazón… y él mismo la había destruido con un error.
— Tienes razón, Farid. — Dijo con amargura — He permitido que las negociaciones se dirijan a donde el cliente quiere. Eso se acabó. Voy a retomar el control de todo —
Su mirada volvió a encenderse, mezcla de ambición y necesidad de redención — Quiero remodelar los casinos. Cada uno tendrá un hotel integrado, con dos pent-house, un piso de oficinas y salas de reuniones, otro nivel exclusivo para eventos. Y lo más importante: Un piso único dividido en guardería, spa y salón de belleza. Ese espacio será habilitado en cuanto Korina regrese —
Farid lo miró en silencio, y luego preguntó con cuidado, era delicado ese tema: — ¿Y qué pasa si no regresa? —
Darío lo miró con una seguridad que solo enmascaraba el miedo — Regresará —
En ese instante, una notificación sonó en su celular. Al ab