La sala principal del casino estaba colmada de cámaras, micrófonos, luces blancas y murmullos expectantes llenaban el aire. Los medios nacionales e internacionales aguardaban en silencio tenso, era la noticia del año y todos querían saber que sucedio, ya que solo habían rumores y expeculaciones.
Don Darío Quinen apareció con paso firme, impecable, el porte de quien no pide permiso para ocupar espacio. Detrás de él, como era costumbre, Farid permanecía erguido, discreto, atento a cada movimient