El santuario quedó en silencio después de que la luz del altísimo se desvaneció.
Era un silencio vivo… cargado.
El aire ardía con algo que no era santo ni profano.
Eran ellos.
Liyeth seguía sosteniendo a jaik, pero su cercanía ya no era solo protección.
Había un calor nuevo, tenso, que vibraba entre sus almas unidas. El vínculo entre un mortal y una celestial.
Jaik levantó la cabeza, aún apoyado en su pecho.
Su respiración rozó la piel del cuello de ella y liyeth tembló como si le hubieran toc