A las afueras del jardín del Edén:
Liyeth sintió el quiebre antes de verlo.
No fue una imagen.
Fue una intrusión.
El vínculo, que hasta entonces había vibrado como un canal estable, se tensó de forma antinatural, como si algo lo recorriera en sentido contrario. Liyeth se detuvo en el aire, con las alas extendidas, mientras la luz a su alrededor temblaba sin desobedecerla.
Jaik.
La sensación no era dolor. Era más precisa que eso.
Alguien lo estaba tocando.
Cerró los ojos y dejó que su conciencia