La vio salir de la habitación totalmente transformada.
No era solo su aspecto, sino su vestuario y todo su ser: la manera en que caminaba, su elegancia, el aire que la envolvía...
Ya no tenía su largo vestido azul que la hacía ver como una sirena encantada; ahora parecía una hermosa ninfa dispuesta a enamorar a cualquiera que pasara a su lado.
Las miradas se encendieron a su paso. Pues llevaba un vestido negro, ceñido y brillante como obsidiana que moldeaba su cuerpo delineando cada curva de un