Kelly despertó por el sonido de unos gritos que venían desde el piso de abajo. Se sentó en la cama y se frotó los ojos para mirar la hora que tenía en su mesita de luz.
09:30 a. m.
¡Tarde!
¡Se quedó dormida! Abrió los ojos tan grandes que supo que se había despertado totalmente. Ni siquiera reparó en su cabello algo despeinado ni en su vestuario, que consistía en una remera de finas tiras y un pantaloncillo corto. Salió descalza, disparada hacia la habitación de Killian, que se hallaba tan ordenada como vacía.
Su corazón empezó a latir con fuerza.
¿Dónde estaría?
¿Y por qué se habría levantado sin despertarla antes, como habían quedado?
Bajó todos los peldaños de la escalera flotante y gritó el nombre de Killian.
No hubo ninguna respuesta.
Corrió al pasillo de los cuartos de huéspedes, por si había tenido la idea de jugar en esos lugares, pero no lo halló. Después se dirigió a la cocina, a la sala de estar, al cine privado que tenían, y nada.
Su corazón ya estaba desbocado.
"No otra v