Kelly se atrincheró en su habitación. Necesitaba espacio, silencio y evaporar la saturación de su cabeza.
Estaba sentada en el suelo, cerca de una de las grandes ventanas, apoyada en la pared. Observaba la vista y todo lo que el sol iluminaba esa mañana que comenzaba con amargura. Al menos, aquella naturaleza se veía vívida y rebosante de color.
Aún no se había vestido ni peinado. No tenía deseos de pensar, pero las imágenes que la sorprendieron esa mañana al levantarse no dejaban de asaltarle