José condujo de regreso a la casa de su compadre la tensión entre ellos era evidente aunque ambos pensaran lo contrario.
Arquímedes, en el asiento del copiloto, mantenía la vista fija en la calle, evitando mirar a quien había sido su único amigo durante muchos años.
—Empiezo mañana —dijo José finalmente—. No es gran cosa, pero es trabajo.
—Es honrado —respondió Arquímedes—. Y eso nunca ha sido poca cosa.
José soltó una risa cargada de sarcasmo.
—Honrado… —repitió el hombre—. Eso pensaba yo