Jeremías entró a la habitación y permaneció de pie unos dos metros lejos de Macarena.
—Qué sucede? —preguntó ella, sobresaltada y nerviosa.
—Disculpa si te asusté. Es que olvidé decirte que mañana tenemos que salir muy temprano para hacer algunas compras.
—¡Ah! Era eso —contestó ella algo desconcertada.
—También es importante que busques un nuevo apartamento para mudarte. Luego de la boda… debo regresar a Ginebra.
—¿Ginebra?
—Sí, allá está mi empresa.
Macarena no pudo disimular su asombro a