—Tendré que apretar un poco para que salga —dijo él y se agachó despacio, apoyando una rodilla en el suelo y adelantando la otra, semi flexionada.
Ella asintió. Se recostó ligeramente de la pared intentando mantener el equilibrio y observando como el rostro de Jeremías coincidía con la altura de su vientre. Exhaló profundo cuando él apretó con sus dedos los bordes laterales de la herida presionando para extraer el diminuto trozo de vidrio.
—¡Auch! —gritó ella, tratando de apartar el pie.
Jeremías alzó la mirada y con un movimiento firme le sostuvo de la pantorrilla. Aquella reacción instintiva de él de dominarla provocó en Macarena una extraña sensación de placer.
—¿Dejarás que saque el vidrio? —preguntó él, en tono serio.
Aunque quiso contestarle, mantuvo la compostura y respiró hondo, mientras él continuaba apretando su pie. Apoyó el pulgar justo a los lados de la diminuta estilla.
—Va a molestar un poco… —murmuró antes de ejercer mayor presión.
Jeremías apretó con firmeza. El