—Tendré que apretar un poco para que salga —dijo él y se agachó despacio, apoyando una rodilla en el suelo y adelantando la otra, semi flexionada.
Ella asintió. Se recostó ligeramente de la pared intentando mantener el equilibrio y observando como el rostro de Jeremías coincidía con la altura de su vientre. Exhaló profundo cuando él apretó con sus dedos los bordes laterales de la herida presionando para extraer el diminuto trozo de vidrio.
—¡Auch! —gritó ella, tratando de apartar el pie.
Jer