– Rebeca Miller
Camino de un lado a otro, con el corazón en la garganta. Estoy impaciente; el médico aún no ha salido a darnos ninguna noticia. Siento que el tiempo avanza lento, como si cada segundo pesara una eternidad.
De pronto, lo veo. Julián. Su figura aparece en el pasillo y se acerca decidido hacia mí. Mi cuerpo se tensa al instante, pero antes de que pueda reaccionar, Viktor se interpone, firme como un muro.
—No tienes nada que hacer aquí —le dice con una voz grave, sin apartarse.
Julián sonríe con arrogancia, esa sonrisa que tantas veces me confundió.
—Quítate, imbécil. Rebeca y yo estamos comprometidos.
Al escucharlo, no puedo evitar sonreír con amargura. Siento un fuego interno que me empuja a hablar. Me acerco lentamente a él, mis ojos clavados en los suyos.
—¿Comprometidos? —repito con ironía—. ¿Acaso se te olvidó que te vi besándote con otra mujer? Me fuiste infiel, Julián.
Mi voz tiembla de rabia contenida.
—Creí en ti… pensé que tenía una esperanza contigo. Imaginé qu