Rebeca Miller
Estoy sentada al lado de mi madre; ella sostiene mi mano con fuerza, como intentando transmitirme un poco de calma, pero en mi interior siento que me estoy desmoronando.
—No debí dejarlos solos, mamá… —murmuré con la voz entrecortada—. No debí dejar que se los llevara… seguro se descuidó por estar pendiente… sabrá Dios de qué.
Mi madre acarició mi mano suavemente, tratando de tranquilizarme. Yo mantenía la vista fija en el suelo, luchando contra el nudo en la garganta. En ese mome