— Charles Schmidt
¿Qué demonios haces aquí, Laura?
La voz me salió áspera, cargada de un rencor que llevaba años conteniéndose. Aún tenía los puños tensos por lo que acababa de pasar con Julián; el pulso me golpeaba en las sienes.
Laura se inclinó hacia él con una calma provocadora, como si el estacionamiento fuera su escenario y nosotros, sus espectadores.
—¿Estás bien? —le susurró a Julián.
—S… sí —balbuceó él, con la comisura del labio abierta.
Yo la miré frío.
—Dijiste que solo pasabas por