- Charles Schmidt
Luego volvió a agacharme frente a Aiden.
—Ven acá, hijo —le pedí con voz suave.
Él se acercó como todo un pequeño caballero. Me miró con una mezcla de miedo, rabia y curiosidad. Dio dos pasos más hacia mí y se detuvo. Sus ojitos, tan parecidos a los míos, me observaban con intensidad.
—¿Por qué dejaste a mamá? —preguntó con voz firme, sin un solo titubeo.
Esa pregunta me atravesó como un cuchillo. No pensé que mi hijo me haría esa pregunta. Porque, en realidad, yo nunca dejé