Capítulo 144 — Rebeca Miller
El reloj de la sala de espera marca las tres de la tarde, y cada segundo que pasa me pesa como una piedra. Estoy sentada en una de esas sillas frías, metálicas, que parecen diseñadas para poner a prueba la paciencia y los nervios. Frente a mí, las luces blancas del pasillo parpadean de vez en cuando, como si también se cansaran de tanto dolor acumulado.
A lo lejos se escuchan pasos apurados, órdenes médicas, el sonido de camillas avanzando, llantos, murmullos… Es el