— Amelia
El avión sigue su rumbo hacia Italia; el zumbido de los motores marca el latido acompasado de mi impaciencia. Me recuesto contra el asiento de cuero y dejo que la copa de vino caliente la mano que no sostiene el teléfono. Pienso en mi hijo, en la oportunidad que tengo cara a cara con la distancia: el mundo se mueve debajo de nosotros, pero yo soy la que ahora dicta los hilos.
Marco el número que me confirmaron que funcionaba en la mansión. La línea suena: uno, dos, tres… y entonces al