– Amelia
Estoy en una avioneta privada volando hacia Italia, donde vive mi padre. El zumbido constante de los motores es el único sonido que me acompaña, además del leve tintinear de la copa de vino que la azafata me acaba de entregar.
—Gracias —digo con una sonrisa ligera, tomando la copa entre mis dedos.
El cristal está frío, y al acercarlo a mis labios, el sabor del vino me quema la garganta, pero me gusta esa sensación. Es el único fuego que me mantiene viva después de tanto caos. Apoyo el