— Amelia
El silencio del apartamento era sofocante. Caminaba de un lado a otro, con una copa de vino en la mano, intentando controlar el temblor que se apoderaba de mis dedos. Habían pasado horas desde la última llamada y ese maldito teléfono seguía sin sonar.
El reloj marcaba casi la medianoche, y el aire se sentía pesado, denso… como si la desgracia estuviera a punto de golpear la puerta.
Me detuve frente a la ventana. La ciudad se extendía allá abajo, llena de luces, de ruido, de vidas que s