Rebeca Miller
Vi cómo Charles se marchaba. La puerta se cerró detrás de él y, con ese sonido, sentí que algo dentro de mí se partía en dos. Me quedé de pie, en medio de la sala, mirando el vacío, tratando de controlar la respiración, pero era inútil… El dolor en mi pecho era enorme, tan denso que casi no podía moverme.
Sabía muy bien hacia dónde iba. No necesitaba que me lo dijera.
Seguro fue ella quien lo llamó. Amelia. Su inmenso amor, la mujer por la que siempre estuvo dispuesto a desafiarlo