Me botó del auto, lo bote de mi vida.

Me botó del auto, lo bote de mi vida. ES

Urbano
Última actualización: 2026-05-24
Olga Dominguez   Recién actualizado
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Resumen
Índice

​​Victoria amó a Alejandro por 20 años, pero él la abandona cuanto su viejo amor vuelve a la ciudad. ​Victoria descubre que no necesita ser rescatada, con el apoyo incondicional de su familia, la lealtad de su mejor amiga y la energía caótica de sus hermanos gemelos, decide emprender su propio destino.  Su objetivo no es solo sobrevivir, sino construir una nueva vida, por ella y para ella.

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Capítulo 1

Despertar de un sueño.

La lluvia golpeaba el techo de la limusina, Victoria observaba las calles de Viña del Mar, ahora bañadas por la lluvia y los reflejos de las luces de la ciudad, pero a pesar de su delgado vestido de organza, no sentía frío, no solo por la agradable temperatura dentro del auto, sentía un calorcito que venía directo desde su corazón, su sueño de niña se estaba convirtiendo en una realidad.

Sus pensamientos seguían en el Club Asia, el exclusivo restaurante enclavado en el cerro Portugal, con la más maravillosa vista al mar; en ese lugar su familia y la de su novio: Alejandro Pérez, se habían reunido para celebrar el tan anhelado compromiso; había sido mágico, las dos familias reunidas en armonía, las bromas, las risas, sentía su pecho apretado de tanto gozo.

Enrique, su hermano mayor había brindado por ellos, entre risas contó cómo conoció a Alejandro, de lo mal que se llevaban al principio, y como ya con los años desarrollaron una estrecha amistad.

Valeria, hermana de Alejandro y la más querida amiga de Victoria también hizo un brindis, recordó el momento en que se conocieron, fue un día cuando de casualidad ambos padres llevaron a sus niñas al trabajo, fue solo mirarse para de inmediato abrazarse y desde ese dia se declararon las mejores amigas del mundo, inseparables desde ese momento, con apenas 5 años.

Sus hermanos menores, los gemelos Diego y Daniel no habían sido invitados, ya tenían 14 años, pero se comportaban pésimo, eran conocidos también como Terremoto y Tsunami, obvio que por todos los desastres que hacían, la mayor preocupación era que los gemelos le hicieran una de sus bromas pesadas a Alejandro, lo detestaban, celos, se decía Victoria.

Ahora viajaban a Quintay, a la cabaña a orillas del mar, que su familia, por tantos años, tenía como refugio para las vacaciones, estaba rodeada de árboles centenarios, no usarían la hermosa pérgola para comer, ya estaban en otoño, las tardes demasiado frías, pero sí podrían comer a los pies de la estufa a leña; sería un fin de semana de ensueño; Alejandro, sentado a su lado, era la personificación de la eficiencia, la luz de la tablet iluminaba su rostro anguloso, de nariz aristocrática y gélidos ojos grises, pero en su rostro destacaba esa eterna arruga de concentración en su frente, los gemelos, siempre se burlaban de él, no pudo evitar tocar su propia frente y sonreír al pensar en esos traviesos.

Con anhelo Victoria estiró su mano y tiró suavemente del puño de su camisa.

- Que pegajosa eres- le dijo, sin apartar su vista de la pantalla de la tablet.

-Sí, pegajosa, así me dices desde niña.

Pero Alejandro no la miró, no vio su dulce sonrisa; volvió a mirar por la ventana, perdiéndose en los recuerdos, hace 20 años, en el cumpleaños de Valeria, un chico pasó corriendo al lado de ella, perdió el equilibrio y cayó a la piscina, aunque solo tenía 7 años, su padre ya estaba enseñándole a nadar, pero aunque braceaba y pataleaba con todas sus fuerzas, poco a poco se fue hundiendo, entonces sintió que unos fuertes brazos la sacaron del agua, era Alejandro, que ya en ese tiempo era un atractivo adolescente, su flechazo fue inmediato, en su interior, soñó que un día se casaría con él.

Con el tiempo, ese amor infantil evolucionó a una devoción adolescente, tomando fotos a escondidas, shippeando a su crush, como solía burlarse Valeria; con la madurez vino el trabajo, Victoria estudió arduamente, primero en el colegio, y luego en la universidad estudió arquitectura, según ella, para ser la pareja ideal de Alejandro y gracias a su amiga Valeria, consiguió ser su asistente personal, en la empresa constructora Pérez y Pérez, ahora luego de años de perseguirlo, de ponerse por delante, consiguió derretir ese corazón de hielo, y pronto sería su esposa. Volvió a mirar su mano, el hermoso diamante brillaba en su dedo anular, de seguro Valeria tuvo que ver con la elección.

De pronto, un sonido interrumpió sus pensamientos, un tono de llamada, era del celular de Alejandro, pero era un tono diferente, era especial, no era el tono frío con el que Alejandro configuraba las llamadas de trabajo, ni el tono rítmico que ella había configurado para los amigos y la familia, este tono era una melodía delicada, íntima, muy, muy suave.

Victoria no pudo evitar un estremecimiento, cuando Alejandro contestó, su voz se suavizó, sus ojos brillaban, ella jamás lo había escuchado hablar así, incluso la arruga de su frente se borró.

-Sí, sí… entiendo… no te preocupes… Iré de inmediato- dijo con una voz dulce, cargada de ansiedad.

Cuando Alejandro cortó la llamada, cerró los ojos, claramente esto era una señal.

-¿Alejandro?... ¿Qué…- ni siquiera pudo terminar la pregunta, en realidad, ni ella tenía claro qué preguntar, con fuerza Alejandro golpeó el cristal que los separaba del chófer.

-Javier, detén el auto ¡Ahora! -gritó Alejandro.

La limusina se detuvo bruscamente en la avenida, que ya a esa hora estaba desierta, Alejandro volvió a mirar a Victoria, pero ahora toda la dulzura de hace menos de un minuto se había borrado de su rostro, ahora volvió a su frialdad habitual.

-Tengo que ir al aeropuerto, Sonia regresó, tengo que ir a buscarla. Bájate y pide un Uber.

-¿Sonia? ¿Quién es Sonia? Alejandro, es nuestra noche de compromiso, vamos camino a la playa.

-Seamos honestos, Victoria, sabes que no te amo- le dijo suspirando- Este compromiso ha sido forzado, por mis padres, mi hermana y tú - negando con la cabeza continuó- sé que estoy siendo cruel, pero tengo también que ser honesto, no tiene sentido continuar con esto; lamento no haber puesto fin a toda esta estratagema que ustedes montaron.

Victoria escuchaba sin entender nada, ¿forzado? Era cierto que ella lo persiguió sin tregua, pero ¿forzado? ¡jamás! No pudo refutar, ya Alejandro había abierto la puerta del auto.

-Bájate Victoria, no tengo tiempo.

-¡No me voy a bajar! ¡No puedes dejarme aquí! ¡Está lloviendo a chuzos!- gritó con la voz quebrada.

No hubo respuesta de Alejandro, abrió la puerta del lado de Victoria.

-Bajate- volvió a repetir, empezando a empujarla hacia la salida, ya estaba casi fuera del auto, pero Victoria se aferró desesperada a su brazo; Alejandro, en su ansiedad por llegar pronto al aeropuerto la tomó de las muñecas y se la quitó de encima bruscamente, no volteo a verla, no vio como Victoria perdió el equilibrio y cayó en la vereda mojada, su grito fue ahogado por el cierre de la puerta.

El viaje en Uber fue un borrón de sollozos, hipo y luces borrosas, cuando finalmente entró a su casa, sintió que el frío de su ropa mojada se pegaba a su alma, miró las palmas de sus manos raspadas, la humillación la hizo temblar más que sentir su ropa mojada.

-¿Victoria? ¿Qué pasó?- su hermano Enrique salía de la cocina con su clásico zumo de frutas en una mano y el control remoto en la otra - ¡Dios mío! ¡Estás sangrando! ¿Tuvieron un accidente? ¿Dónde está Alejandro? - preguntó frenético.

-Me empujó del auto, Quique- logró decir, con la voz quebrada y sus ojos azules llenos de lágrimas- dijo que lo había forzado al compromiso, que no me ama.

Enrique la abrazó fuerte, en ese abrazo, en ese amor incondicional y en ese ritmo acompasado del corazón de su hermano, Victoria logró serenarse.

-Una tal Sonia lo llamó- dijo en un susurro, aún refugiada en los brazos de su hermano- que tenía que ir a buscarla… después me dijo … me dio a entender… que lo había manipulado, que todos, sus padres, Valeria y yo lo presionamos…-no pudo continuar, de nuevo sentía que se quebraba.

-Sonia- dijo Enrique, ahora con frialdad- la conozco, fueron novios en la universidad, realmente no sé qué ve en ella, siempre la encontré una persona muy exageradamente extrovertida, terminaron hace mucho, no fue nada amigable, luego ella se fue al extranjero a continuar sus estudios. Esto no se lo voy a dejar pasar. Mi amistad con Alejandro termina hoy.

Separándose del abrazo, pero tomando a Victoria con suavidad de los hombros, le dijo -pero de eso, podemos seguir hablando mañana- ahora su voz volvió a ser dulce- vamos, te acompaño a tu dormitorio, necesitas un baño caliente, te llevaré una leche tibia; mañana será otro día.

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