Cerrando círculos.
Cuando todavía no eran las 9 de la mañana, Victoria, Benito y Enrique llegaron al imponente edificio del Gobierno Regional. El amplio hall central contaba con una larga mesa de ayuda para que los ciudadanos presentarán sus solicitudes o quejas. Por instinto, Benito se dirigió allá, pero Enrique lo detuvo con una palmada en la espalda.
—No, amigo —dijo Enrique sonriendo y apuntando con su cabeza a una escalera lateral, que descendía al subterráneo—. La oficina de archivos está en el subterráneo