Mundo ficciónIniciar sesiónA la mañana siguiente, el sonido del celular despertó a Victoria, conocía ese timbre, era la canción BBF, tono especial para su amiga Valeria, ni siquiera lo pensó, quizás aún seguía medio dormida y contestó, del otro lado Valeria estaba eufórica.
-¡Buenos días tortolitos! ¿Cómo amanecieron? ¿Algo durmieron? ¿O no?- Victoria escuchaba la risa burlona de su amiga, cómo le explicaba, se cubrió completamente con el cobertor, se sentía tan avergonzada. -El asunto es.. bueno, ya que están en Quintay, ¿me podrían traer unas empanadas? Esas que tanto me gustan, las de don Tito, sabes que son mis favoritas, quiero camarón queso, ostión queso y manjar queso. Por fis, por fis… Dile a mi hermanito que me las pase a dejar mañana, cuando regresen…- Valeria empezó a sentirse ansiosa, ¿qué pasaba? Esperaba los gritos de felicidad de su amiga y las quejas eternas de su hermano, ¿por qué ese silencio? Finalmente, Victoria salió de su improvisado escondite, se sentó en la cama, respirando profundamente, decidió enfrentar su nueva realidad. -Amiga, algo pasó anoche - se sentía tan avergonzada, no era capaz de repetir las palabras de Alejandro- estoy en mi casa- dudó, ¿se puede hablar con la hermana del ex de estos temas? Sacudió su cabeza con fuerza, su amistad con Valeria era un pilar fundamental en su vida, más que amigas, era su hermana de corazón. -¿Victoria? ¿Qué? ¿Qué pasó? -dijo Valeria con duda- ¿me estás bromeando? Pero si anoche los acompañé al auto, nos despedimos entre abrazos y risas, ¿de qué me hablas? Victoria se cubrió el rostro con las manos -¿Conoces a Sonia?- le dijo‐ Ella volvió anoche, tu hermano y yo… terminamos.- No era necesario develar más. Tratando de parecer casual, agregó -comprenderás que no estoy de ánimo ni de salir de la cama, creo que me voy a quedar en pijama todo el fin de semana. Ya el lunes pensaré qué hacer. El lunes, le causaba terror, volver a enfrentar a Alejandro, renunciar se sentía una buena opción, y después… nada tenía sentido. Qué iba a hacer con su vida. -¡VOY PARA ALLÁ! ¡DE INMEDIATO! -gritó Valeria. La llamada se cortó, quizás debería levantarse, pero no sentía la fuerza necesaria. Volvió a acurrucarse en la cama, envolviendose en el cobertor, soy un capullito, se dijo, quiso sonreír, pero no pudo, de nuevo su mente recordó el empujón, la violencia con la que actuó, jamás se lo habría esperado, miró sus manos, aún le ardían, igual que sus rodillas y su amor propio, todo lo había pisoteado Alejandro, en nombre de esa tal Sonia. Apretó los ojos con fuerza, ya no quería llorar más, anoche se había quedado dormida ahogada en llanto, entonces escuchó la puerta abrirse y unos suaves y familiares pasos. -Mamá- dijo, con un hilo de voz. -Ssshhh, bebé, tranquila, mamá está aquí, todo estará bien- le dijo Mercedes, con toda la fuerza de su corazón, trataba de hablarle con entereza, por dentro, se sentía devastada, cómo alguien se atrevía a tratar así a su ángel. -Anoche, tu papá y yo, llegamos algo achispados y nos fuimos a dormir de inmediato. Enrique ya nos puso al día con lo que pasó. Descansa tesoro, te voy a traer el desayuno a la cama, ahora solo vine a apapacharte, necesitas un abrazo de tu mamita que te adora. Así, Mercedes se recostó al lado de su hija, la abrazó con ternura, besó su frente y acarició su cabello hasta que volvió a dormirse; en silencio, al salir de la habitación, se dirigió a la cocina, que más parecía un mini ejército preparándose para la guerra. La cocina de la familia era, sin duda, la habitación más grande de la casa, contaba con dos hornos industriales, una gran isla, una mesa para las comidas diarias y unos sofás, especialmente útiles para descansar mientras los bizcochos u otra delicia se horneaba. A Mercedes le encantaba cocinar, en especial la repostería y desde joven vendía sus preparaciones a pedido, entre sus amigos y conocidos, después llegó el delivery y con ello una oportunidad de expandir su negocio, no lo dudó y se hizo tan conocida en la ciudad, que finalmente decidió abrir un local, pieza clave fue su esposo Edmundo, que renunció a su trabajo para apoyar su emprendimiento. Enrique, paseaba de lado a lado de la cocina, pegado al celular, de seguro tratando de conectar con Alejandro, poco éxito tenía. Los gemelos Diego y Daniel, empacaban su “equipo” en dos grandes bolsas: pimienta en grano, mayonesa, pegamento, dos flotadores, el invaluable confeti, las tablets, y por supuesto naranjas, no pueden faltar las naranjas. El operativo “gemelos al ataque” estaba listo, no iban a permitir que el ceñudo ese maltratara a su hermanita. Solo con la mirada, Mercedes, le dijo a su esposo: ‘hazte cargo’, él también respondió con sus ojos: ‘tranquila, estoy en eso’, francamente lo dudaba, prefirió ir a contestar el timbre, alguien estaba a la puerta y de seguro era Valeria. Cuando Victoria despertó, se encontró con la mirada preocupada de su amiga, sus ojos rojos denotaban que también había estado llorando. -Vicky- le dijo, con preocupación- prefiero renunciar a mi hermano que perderte. -Vale, querida, gracias, pero esto no es una guerra, no tienes que tomar bando, es tu hermano, y eventualmente necesitará de tu apoyo. Dormir hace maravillas, sentía su corazón más ligero y su mente más despejada, ahora tocaba pensar que iba a hacer de su vida, renunciar era obvio, pero y después… ¿qué? -Vamos a la cocina, necesito una buena ración de chocolate y conversar con mi familia, tengo que reconstruir mi vida- dijo con una firmeza que incluso a ella la sorprendió. Antes de poder salir de su dormitorio, los gemelos entraron corriendo: -Vicky, fuimos a entrenar, hoy teníamos fútbol- le dijo Diego, era obvio, venían con las camisetas embarradas y aún cargaban sus equipos. -La mamá no quiere que vayamos a ajustar cuentas con el Ministro de Hacienda- agregó Daniel, cruzándose de brazos taimado. -¿Ministro de Hacienda?- preguntó Valeria. -Vale, ¡Enchufate! ¡Tu hermano! - le dijo Diego -siempre con esa frente toda arrugada, como si estuviera haciendo los terribles cálculos. Valeria explotó en una risa tan contagiosa que incluso Victoria se unió a ella. -No tienes nada de qué preocuparte, Vicky -Daniel la abrazó, mientras Diego ocultaba un bolso bajo la cama de Victoria- nos haremos cargo. -Chicos, de verdad lo aprecio, pero no quiero que se metan en problemas, yyyyyy…. lo que sea que ocultaron bajo mi cama, quiero que desaparezca- les dijo usando su tono de hermana mayor. Victoria trató de zafarse de sus abrazos, de verdad que adoraba a sus hermanos pero en ese momento apestaban a sudor, pasto y ketchup. -Esto es algo entre Alejandro y yo. No voy a perder mi tiempo, ni energía en una venganza. Voy a reconstruir mi vida. -Así nos gusta hermanita- dijeron los chicos y volvieron a abrazarla. Durante el fin de semana, rodeada de su familia, absolutamente regaloneada, con Mercedes cocinando todos sus platos favoritos, Edmundo contando sus típicos chistes fomes, los gemelos haciéndola reír con sus travesuras y Enrique, que no quería apartarse de su lado, ni un momento, comenzó a apaciguar su corazón. Incluso recibió una llamada de sus ex suegros, dándole esperanzas, ‘ya se arrepentirá y volverá a ti, rogando’, pero no había vuelta atrás, nunca volvería a confiar en Alejandro. Aunque hubo un momento, en la noche del domingo, que en el silencio de su habitación, pensando en distraerse un rato, abrió I*******m, para su sorpresa Alejandro había publicado varias historias, contuvo la respiración, Alejandro nunca publicaba nada, pero ahí estaba, cantando desafinado en un karaoke, en otra reía abrazando a una pelirroja, de seguro Sonia y así, estuvo scrolleando por horas, recordaba como tantas veces le había pedido que subieran una foto, una miserable foto y él se habia negado, ‘soy un hombre serio, Victoria, dirijo una Constructora, que van a pensar mis clientes si me ven en redes sociales publicando historias como si fuera un adolescente’, pues resulta que hacer el tonto sí podía hacerlo, pero no con ella, las lágrimas que bañaban su rostro poco a poco se fueron secando y con ello fue surgiendo una fortaleza y decisión inquebrantable, su camino desde ahora se alejaría del de Alejandro, volcaría su pasión en lo que fue su especialización en la universidad: el paisajismo. Muchas veces había intentado que Alejandro incluyera la arquitectura paisajista como una área en la Constructora, pero Alejandro se negaba categóricamente, ‘lo nuestro es lo grande, Victoria’ le decía ‘edificios de oficinas, de viviendas, pero no la jardinería’. Bueno, ahora iba a perseguir su sueño.






