Mundo de ficçãoIniciar sessão[Hoy, 20:00 hrs. En el café de siempre].
Ese fue el mensaje que Alejandro recibió, por fin Enrique se comunicaba con él. El café Amanecer era su sitio habitual de encuentro, casi un punto medio entre sus trabajos; Enrique desde hacía varios años trabajaba en la Dirección de Presupuesto del Gobierno Regional, un cargo que implicaba mucha responsabilidad, sus tiempos de ocio eran escasos, pero los dos amigos, al menos una vez al mes se reunían para almorzar y después, terminaban con un café en ese local. Ahora la situación se había invertido, durante días lo había estado llamando y enviándole mensajes por W******p, sin recibir respuesta, ‘me lo merezco’, pensaba Alejandro, él había ignorado a todos por ir tras Sonia. Llegó temprano al café, ansioso, quería explicarle a su amigo, reconocer que había actuado mal, tenía preparado su discurso, la lealtad entre hombres, ese era un buen argumento, por el bien de su amistad, Enrique aceptaría sus disculpas, quizás por un tiempo su relación seria tensa, pero de a poco, podrían superar este episodio. Enrique llegó puntual, su rostro contraído por el disgusto, se sentó frente a Alejandro, quien ni siquiera tuvo oportunidad de abrir la boca. -¿Recuerdas lo que me dijiste hace cuatro años? ¿Recuerdas mis objeciones?- lo enfrentó Enrique- en el momento que supe de tu relación con mi hermana te lo dije, no estaba de acuerdo. Ella te adoraba, desde niña te seguía a todos lados, la llamabas pegajosa, a mi me molestaba un poco- le confesó- pero prefería eso, no quería que tuviera tanta cercanía contigo. -Pero Enrique, déjame explicar…- ni tuvo oportunidad, jamás lo había visto tan ofuscado. -No me interrumpas. En ese momento, te dije que no quería que tuvieran una relación, ella estaba demasiado enamorada de ti, tu me prometiste que la cuidarías, juraste que el sentimiento era recíproco, que te había conquistado con su paciencia y dulzura... y ahora sales con que te forzó? ¿A ti? Un hombre adulto, hecho y derecho? Con qué cara te atreves a ningunear a mi hermana. Alejandro comprendió que esta cita no era para arreglar su amistad, el fin se venía y él no tenía oportunidad de recomponer la que era la amistad más importante de su vida. Derrotado se dejó caer en la silla. -Pensé en tener esta conversación por teléfono- le dijo Enrique, ajustando su chaqueta- pero preferí que nos reuniéramos, quería verte a la cara para decirte que esta amistad está terminada. Mi último consejo como amigo: ten cuidado con Sonia, es el mismo consejo que te di hace más de 10 años, cuando recién la conociste. Al parecer solo tu no eres capaz de ver que algo mal anda con ella, más de un tornillo tiene suelto, Alejandro. Así como llegó, se fue, casi como un huracán; suspirando miró como el mesero traía los cafés que había pedido con anticipación. Ya para qué quedarse. Desde temprano esa mañana, Victoria y su equipo estaban trabajando en los 500 metros cuadrados del bosque de Quintay, ya casi habían despejado el suelo, y mañana comenzaría la poda, la elección del cubresuelo aún la tenía indecisa, dada la acidez de la tierra no podía elegir cualquier especie. En su improvisada mesa: un tablón, apoyado en dos caballetes, extendió los planos del proyecto, cuando escuchó el ruido de una 4x4, se alegró al ver a su amiga Valeria, por fin llegaba, la sorpresa fue que la acompañaban los gemelos. -La mamá nos dio permiso, by the way- le dijo Diego, abrazándola fuerte. -Estamos de vacaciones de invierno- agregó Daniel, dándole un beso sonoro en la mejilla- y ya terminamos todas las tareas pendientes. Y como si fuera lo más natural del mundo, sacaron de sus mochilas dos megáfonos. -¡Vamos con todo equipo maravilla! -Estamos aquí para darle ánimo al equipo más pulento de la historia mundial. -¿Los árboles se pueden quedar sordos con todo ese ruido? No creo, cierto?- dijo Valeria toda complicada. Victoria quedó boquiabierta, ahí estaba su amiga, de punta en blanco, con tacones de 12 cm, enterrándose lentamente en la arena. -Tacos, Valeria, ¿de verdad?- empezó a reír Victoria- ¿cómo se te ocurrió venir con tacos? -Antes muerta que sencilla, amiga, vamos ayúdame -le dijo, estirando sus manos, necesitaba ayuda urgente, ya estaba perdiendo el equilibrio. Victoria entre risas, la tomó de las manos -vamos, sácate esas cosas, tengo, en la cabaña, un regalo perfecto para la ocasión. -¿Sabes por qué mis hermanos huelen a ketchup?- Victoria reía divertida -ese par de rufianes de seguro lo traen en su mochila. -Eh… bueno… sí- de camino pasamos a la pizzería Katus, antes de salir ya habían almorzado, pero sabes como son los adolescentes, todavía no salíamos de la ciudad y ellos estaban, y citó: ‘famélicos’, ¿de donde sacan ese vocabulario tus hermanitos? -Oye, que no se olvide, ya tienen 14 años y aunque estén de bromas todo el día, son unos chicos muy inteligentes- dijo Victoria, con cierto orgullo. -Cuento corto, estábamos pidiendo las pizzas y sacaron su ketchup, fue realmente asqueroso ver como se comieron la pizza- dijo Valeria arrugando la nariz- ah! Y trajimos unas pizzas para más tarde, tu favorita incluida. Iban abrazadas hacia la cabaña, pero los pensamientos de Victoria estaban muy lejos, Katus pizza, ahí fue su primer beso con Alejandro, ¿cuántos años atrás? Cuatro? Después de una larga jornada de trabajo en terreno, exhaustos y hambrientos decidieron ir a comer, Alejandro no quería ir a una pizzería, él prefería la comida fusión, pero con la insistencia de Victoria y como quedaba más cerca que otros locales, aceptó. Comieron hasta hartarse, y en el último bocado de Victoria, una hilacha de queso quedó pegada a su barbilla, Alejandro riéndose se la quitó, le acarició la mejilla, se acercó y la besó suavemente. Después hizo como que nada había pasado, pagaron la cuenta y él le pidió un taxi. El corazón de Victoria se llenó de triunfo, al fin la estaba mirando como mujer, no como una niña molesta. Todos esos recuerdos se sentían vacíos ahora; no quería perder su pizzería favorita, tendría que olvidarse de ese recuerdo, enterrarlo, ¿en dónde iba a conseguir la pizza de almendras, queso azul y miel? Esa era su favorita. Superar su relación con Alejandro implicaba soltar, dejar de aferrarse a los recuerdos, empezar de nuevo. La tal llamada cabaña era una preciosa casa de 4 dormitorios, con una cocina abierta, y chimenea en el centro de la sala de estar, sobre la mesa había una caja, envuelta en papel rojo, con una enorme cinta dorada. -Aquí tienes, ta-tan-ta-tan, mi regalo- dijo Victoria. -Ay, era cierto! Pensé que bromeabas- como si fuera una niña pequeña, empezó a abrir su regalo, adentro había un overall de cotele de color fucsia, con unas botas numero 37. -Ves -le sonrió Victoria- una prenda audaz y vibrante, pero a la vez funcional para el trabajo en terreno. -Te adoro, peque, eres la mejor, me voy a cambiar al tiro- le dijo Valeria, abrazándola y llenándola de besos- ay, pero antes que me olvide, hace unos días fui a la inauguración de la galería de la Paty Pérez, ya sabes, mi prima, me encontré con, nada más y nada menos que Benito Montes, ¿te acuerdas de él? Alejandro le está haciendo un edificio a la compañía Tech-M donde él es el gerente, me preguntó por ti, le dije que ya no trabajabas para Alejandro, que te habías independizado y que ahora emprenderiamos juntas en paisajismo, me dijo que lo llamaras, después te paso su número. -Ay, no Vale, que vergüenza- Valeria ya había salido corriendo a cambiarse de ropa- no quiero sonar a mal agradecida, pero Benito Montes son palabras mayores, no sé si pueda con un proyecto relacionado con él- ya en ese momento Victoria le hablaba a la puerta, Valeria desde adentro se hacía la sorda. -¿Qué? No escucho nada ¿Qué me das las gracias? De nada amiga. -Hablo en serio Vale. El sonido del celular la distrajo, sin siquiera pensarlo contestó. -Victoria, hola, ¿cómo has estado?- era Alejandro. Mejor tomar la llamada afuera, no quería ser escuchada ni siquiera por su mejor amiga, ¿o era mejor colgar? La curiosidad la venció, ya fuera de la cabaña, mirando el bosque que tan bien estaba quedando, le contestó: -Hola Alejandro, dime, que se te ofrece. Más bien que necesitas -estaba segura que la llamaba para pedirle algo. -Bien, sí, verás, necesito ayuda, tuvimos un problema con la decoración del recibidor del Edificio Polanco. Recuerdo que conoces a unos restauradores, por error se instaló un papel mural de mala calidad sobre las paredes de mármol, comprenderás que los dueños no están nada contentos. -¿Papel mural sobre ese precioso mármol? ¿Por error? -aunque ya no trabajaba para Alejandro, ese edificio había sido en parte responsabilidad de ella, le tenía aprecio y respeto a los dueños- cómo se comete un error así Alejandro, no revisaste… sabes que? No es asunto mío, ya te entregué todos mis datos, mi agenda con los contactos quedo con Margarita, arregla tu solo el desastre del Edificio Polanco- cortó. En las sombras, sin ser vistos, dos chiquillos sonreían: -¿Escuchaste hermanito? Edificio Polanco. -Que interesante… alguien podría filtrar algunas fotos, en una cuenta anónima. -Un par de kilos de glitter en el sistema de ventilación, sería terrible ¿no crees? -Una pena. Chocaron las manos, venganza 2.0 se estaba gestando.






